viernes, 27 de febrero de 2015

La Isla Aquí


PARÁBOLACiertos pescadores sacaron del fondo una botella.
Había en la botella un papel, y en el papel estas palabras:
"¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta.
Estoy en la orilla y espero ayuda. ¡Dense prisa. Estoy aquí!"



-No tiene fecha. Seguramente es ya demasiado tarde.
La botella pudo haber flotado mucho tiempo, dijo el pescador primero.
-

Y el lugar no está indicado. Ni siquiera se sabe en qué océano,
dijo el segundo pescador .
-

Ni demasiado tarde ni demasiado lejos. La isla "Aquí" está en todos lados,
dijo un tercer pescador.



El ambiente se volvió incómodo, cayó el silencio.
Las verdades generales tienen ese problema.


Wislawa Szymborska

martes, 13 de enero de 2015

Oido en las calles de Moscú


“De todas las mentiras que nos contaron los comunistas había una que era verdad: el capitalismo es peor”.

El miedo




Y entre estos impulsos fundamentales, el más poderoso, el más primitivo y salvaje es, quizás, el miedo. Pero no el miedo a los múltiples peligros que acechan al hombre, sino ese miedo inexpresable que se relaciona misteriorsamente con el sentimiento de nuestra identidad. al parecer, la conciencia de ser un "yo", un punto privilegiado en el mundo, un recomienzo de un todo a la luz de la reflexión, es siempre precaria y está íntimamente atormentada por las dudas, como si el mundo fuera sólo apariencia y la lógica un instrumento de eficacia limitada. Sentimos la amenza perpetua del peligro de disolución que perturba secretamente nuestro pensamiento. No nos resignamos a morir. Llegamos a aceptar, místicamente, no ser nada. Pero lo que destruye al ser humano con una convulsión epiléptica es la intuición de que lo que es, no es, es decir el sí y el no simultáneos.




Fragmento de La Novela Policial (ver recomendados).

martes, 30 de diciembre de 2014

Aforismos del Beduino Errante para el fin de semana


El hombre moderno paga con once meses de trabajo civilizado, un mes de vacaciones para sentirse primitivo.


Eise Osman

No soy un profesional...


Elogio del diletantismo
Fritz Mauthner
"Únicamente a dos notas de censura quiero yo contestar aquí... Las dos notas son: que yo no soy un profesional y que yo no ofrezco un positivo y teórico sistema del conocimiento, sino sólo negación y escepticismo nihilista... He oído precisamente también esta observación, de que no soy profesional, de unos jueces profesionales que encuentran mi Reconocimiento como precioso, útil e impulsivo, agregando casi ingenuamente: "!Pero es lástima que no sea un profesional!". En el concepto de tales señores no soy verdaderamente un profesional. No tengo empleo académico alguno. No tendré por mi trabajo título de nombramiento... no tengo yo curriculum vitae en regla tras mí, ni carrera ante mí... No conozco las locales condiciones de cada una de las Universidades... ni de sus facultades... No he estudiado nada de esto, no tuve tiempo para ello. Yo no soy un profesional. Más aún. De muchos eruditos, de los cuales sobre el valor de sus trabajos tuve que probar, no sé verdaderamente yo, pobre autodidacta, en qué Universidad viven, no sé de éste o del otro si es que viven todavía o si es aún digno de consideración. El signo marcadísimo del diletantismo. Pues diletante es aquel que hace su trabajo por amor, por amor al trabajo, al trabajo, precisamente, que él hace.
Subo un poco más, tórnome más serio y continúo. Sin duda no soy profesional en muchas ciencias que, para fundamento y ejemplificación de mi pensamiento, debí atraerme. No soy profesional en las ramas de la lógica, matemáticas, mecánica, acústica, óptica, astronomía, biología de las plantas, fisiología animal, historia, psicología, gramática, ciencia lingüística india, románica, germánica, eslava, etc...., etc. Hace mucho años hice un cálculo. Yo necesito para mi trabajo conocimientos de 50 hasta 60 disciplinas, en las cuales hay actualmente diluidos conocimientos del mundo. Para cada una de estas disciplinas precisa una cabeza acondicionada lo menos cinco años para asimilarse solamente los fundamentos de un saber profesional. Yo necesitaría, pues, unos trescientos años de incesante trabajo antes de poder comenzar a escribir mis propios pensamientos; pues mis pensamientos tienen la incomodidad de no observar la posibilidad del conocimiento del mundo por el microscopio de una sola disciplina. No soy tímido ante el trabajo. Yo hubiera ocupado de ello gustoso los trescientos años, no introduciendo en juego, como se acostumbra, ante un problema de tal magnitud, la medida de la vida humana. Pero yo me decía: suerte de las disciplinas científicas, excluidas algunas pocas, es que sus leyes no duren trescientos años; que yo, pues, tras los trescientos años de trabajo hubiera sido siempre y únicamente profesional en la última y estudiada disciplina, un diletante en las disciplinas cuyos estudios quedarán unos diez o veinte años atrás y un ignorante en las demás. Así, pues, tuve que renunciar al profesionalismo en todas aquellas ciencias cooperativas de mi trabajo; tuve humildemente que circunscribirme a apropiarme de todas estas ciencias-ayudas, tantos conocimientos, en tres veces nueve difíciles años, como creí precisos para la consecución de mi problema.... No tan seguro encuéntrome en la refutación de la segunda nota: que yo no ofrezco un sistema positivo y esférico y que yo presento sin sistema. Pues mi insuperable y doloroso sentimiento me dice que, al menos, la segunda parte de esta observación no es injusta. Esto tiene, sin duda conexión con las verdades citadas hace poco. Una mejor cabeza, cuyo saber no fuera parcial, que hubiera hecho el trabajo de estudio sin envejecer ni morir...una tal cabeza no se hubiera contradicho, ni hubiera hecho jamás un rodeo; hubiera distribuido fina y ordenadamente todo documento en su obra paragráfica. Aquí soy un poco irónico solamente. Conozco las flaquezas de mi obra, que, probablemente, son las flaquezas de mi arte de trabajo."
(Contribuciones a una crítica del lenguaje, 1901)

Cruz y raya - Juicio rápido

Juan Sasturain recuerda a John Sturges: imperdible


http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-159755-2011-01-03.html

El analfabeto político - Bertolt Brecht


El peor analfabeto es el analfabeto político

No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.
No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.
Bertolt Brecht